pobreza_mentirosa

20090403 LN El indec y su pobreza mentirosa

 Las estadísticas falsas  que elabora el Gobierno impiden diagnosticar y modificar el drama de la población más cadenciada.

            Para la CTA y la Universidad Católica a nivel nacional DUPLICA la registrada por el INDEC  …

Entrevista con Sergio Bergman

 20090405 LN "Los argentinos estamos enfermos de valores" Entr. Con Sergio Bergman

Mediático y polémico, el rabino Bergman se ha convertido en una voz de referencia en la vida política y social del país. Crítico del Gobierno, dice que no busca ser parte de la oposición sino forjar un movimiento cívico que despierte a la ciudadanía de la indiferencia   por Ricardo Carpena
 

Es el rabino que se hizo famoso al lado de Juan Carlos Blumberg, que anunció luego que iba a trabajar con Elisa Carrió, que festejó con Mauricio Macri su triunfo electoral porteño en 2007, que reconoce como un referente a monseñor Jorge Bergoglio y que asegura que no forma parte de la oposición, aunque asocia a Néstor Kirchner con la locura, con Nerón, con Juan Manuel de Rosas y con el "anarcoseudoprogresismo totalitario".

Planteado en estos términos, Sergio Bergman podría ser el mejor símbolo de los zigzagueos argentinos. Pero él dice que no es así y tiene una explicación para sus pasos, aunque es cierto que, vistos desde la lógica tradicional de la política argentina, se puede caer en esta simplificación casi pecaminosa del derrotero de este referente religioso y social que ya se convirtió en un fenómeno.

Fenómeno mediático, por un lado, porque su mensaje, lleno de juegos de palabras y de conceptos claros sobre, por ejemplo, el sistema republicano y la inseguridad, es tan contundente y marketinero que acapara centímetros y segundos en los medios. Y político, además, porque ha logrado crecer como ideólogo de un movimiento cívico que busca, más allá de las ideologías, que los argentinos participen para renovar y mejorar los partidos y, en definitiva, el sistema democrático.

Claro que ese camino está plagado de buenas intenciones, pero no es nada aséptico: no oculta ni disimula ninguna de sus opiniones lapidarias contra la corporación política en general y, en particular, contra el kirchnerismo. En la entrevista que mantuvo con Enfoques fue enfático al aclarar que no se considera opositor ni crítico del Gobierno: "Yo tengo un pensamiento crítico del sistema", prefirió decir, instantes antes de quejarse de la decisión de anticipar las elecciones nacionales: "Esto no es para la gobernabilidad sino para querer perpetuidad, y usar todos los recursos y aplicar las técnicas de dominación, que son estratégicas. Tener a la gente sometida en la miseria y cambiarle por prebendas la conciencia del voto es una estrategia."

Pero a todos los argentinos, y al peronismo en especial, tampoco les fue mucho mejor: sin nombrarlos, los consideró "partícipes necesarios de un golpe cívico-corporativo" en 2001. "Cinco presidentes en una semana es la evidencia de la manipulación corporativa, porque hasta que no llegaba el que tenía que ser íbamos a seguir dando vueltas como una calesita", sostuvo el rabino.

De todas formas, Bergman destacó que "los argentinos estamos enfermos de valores y la solución es cultural", e hizo hincapié en que "el problema no son las candidaturas porque una república no se hace con votos sino con participación".

En este punto fue particularmente duro hacia la indiferencia y la falta de compromiso de la sociedad: "El único principio sagrado que defendemos los argentinos es el bolsillo", señaló, e inmediatamente pidió "no dividir entre la sociedad civil y los políticos, sino entre los buenos y los malos". Y allí ofreció una de sus tantas frases dirigidas a movilizar a la gente: "En la Argentina no avanzamos por culpa de todos los buenos que no hacen nada, no por culpa de los malos".

Insistió en que no será candidato en las próximas elecciones y en que, en cambio, se considera "candidato a ciudadano" e impulsor de un "modelo de cogestión" con los representantes elegidos en las urnas, de forma tal de "no dejarlos solos del otro lado de la trituradora".

-¿Se considera un opositor?

-No. Me siento constructor, contribuyente de una dimensión alternativa, que no se opone ni confronta sino que transita y trasciende los espacios de lo público, donde lo más urgente es el mediano plazo. Los argentinos estamos enfermos de valores y la solución es cultural. En la Argentina hay más buenos que malos. Lo que no supimos resolver aún es por qué los malos trabajan tan bien y el bien trabaja tan mal.

-Pero usted ha criticado duramente al kirchnerismo. ¿Qué es lo que menos le gusta de los Kirchner?

-Acá siempre estamos hablando de las figuras, y no discutimos ideas sino personas. Quiero correrme de ese lugar. Por eso: ni opositor ni tampoco un crítico del kirchnerismo. Yo tengo un pensamiento crítico del sistema. Lo que no tenemos es sistema, y cuando no lo tenemos perdemos todo. El kirchnerismo es muy útil para explicar los peligros de no vivir en un sistema.

-¿No es exagerado haber dicho que Néstor Kirchner confundía el legado de Perón con las locuras de Nerón?

-Uno esta hablando del líder y no de los liderados. Yo interpelo a los ciudadanos que duermen la siesta como habitantes, a los que plantean que son peronistas y dejan que el legado de Perón sea manipulado y utilizado para algo que nada tiene que ver con el peronismo, cuando seguimos discutiendo lo que ya no tiene sentido discutir. Como seguir discutiendo a [Juan Manuel de] Rosas, apasionante pero no vinculante ni relevante a los fines de la Argentina de hoy, donde hasta hay una repetición del modelo de Rosas: la suma del poder, un restaurador, una acumulación inaudita que la historia argentina pagó cara. Cuando digo locuras, mi mensaje tiene que ver no sólo con la patología, tiene que ver con una Argentina que enloquece, que confronta, que se crispa. Con un campo que genera riquezas y que es destruido gratuitamente antes de que el mundo se caiga. Y reaccionar temperamentalmente. Ver enemigos donde no los hay. Desprestigiar a los medios. Que todo interlocutor no sea válido por definición porque si no piensa como yo o no lo doblego, tiene que ser destruido... Todo eso tiene que ver con la locura. Ahora, ¿de dónde viene? Tenemos un referente emergente, pero, en realidad, es una cultura, una habilitación por omisión, que es un pecado también de muchísimos argentinos que confunden lo popular con el populismo...

-¿No es demasiado decir, como lo hace usted, que no tenemos república?

- No soy destituyente, no estoy hablando de otra cosa que no sea de la ley de la Constitución. Tenemos una república enferma, incompleta, no funcional. ¿Me van a decir que tenemos república? Está bien, la tenemos. Hay un Congreso, que es Poder Legislativo que no tiene poder, que no puede votar otra cosa que lo que le mande el Ejecutivo. Eso, de acuerdo con la Constitución Nacional, es traición a la patria. Es lo que dice la Constitución: los legisladores que cometen actos de nulidad absoluta al transferir la suma del poder público y se subordinan a la hegemonía ejecutiva están traicionando a la patria. Entonces, ¿qué tenemos hoy? Tenemos, con perdón de los escribanos, una escribanía deliberante. Ahora es deliberante porque hablan. Antes ni hablaban. Firmaban. Pero todo lo que hablan ya sabemos que es lo que el jefe les manda. Porque han jurado por el jefe, por Dios y por la patria. Por el jefe antes de entrar a la banca y por Dios y por la patria el día del juramento.

-Su discurso está muy politizado...

-Es el tiempo de que todos nos metamos en política. Que no es lo mismo que estar militando partidariamente. El problema no son las candidaturas. Porque una república no se hace con votos, sino con participación. Y a una república no la resuelve un candidato mejor, sino un sistema pleno y vigente. Entonces, en los bares y en las calles se dice: "¡Qué locura!", o "¡Qué locos que estamos!". Porque en un país bendito como el nuestro la única maldición, que no es bíblica, somos nosotros. Por supuesto que el ícono mas emblemático y representativo puede ser Néstor [Kirchner] por una anomalía institucional. Ni en su peor pesadilla, [Juan Bautista] Alberdi pudo prever, en el orden constitucional, una sucesión casi indefinida en una rotación matrimonial. Pero entramos en esa lógica y durante un año nos bancamos la conversación de si iba a ser pingüino o pingüina. Hillary, que es Clinton, jamás quiso como ahora ser argentina porque por sólo ser esposa hubiera sido presidenta. Y, sin embargo, tuvo que ir a elecciones internas...

-Hablando de Estados Unidos, ¿se puede repetir acá un fenómeno de participación popular como el de Obama?

-Lo primero que hay para un Obama es un sistema. Que genera reglas de juego claras, donde un prestigioso abogado puede definir que entra a la política porque hay reglas de juego y puede llegar. Lo que tenemos acá es clientelismo, dominio territorial, manipulación de los íconos y de los mitos. No nos olvidemos de que el mismo Perón que se vota es el que los echó de la Plaza. Y el problema no es haber sido montonero, si no pretender serlo igual 30 años después. En Estados Unidos ser republicano y ser demócrata es tener clara una identidad política e ideológica. Y eso no lo cambia el líder de turno, eso es un sistema. Acá, las reglas de juego son hacer un juego con las reglas. ¿Cómo llegás en política? Apadrinado, transando, negociando con intereses sectoriales. No llegás a ningún lado con elecciones internas, y es lo que hace que culturalmente la política no sea política, sino una corporación. En 2001, por ejemplo, fuimos partícipes necesarios de un golpe cívico-corporativo...

-¿Le echa la culpa al peronismo?

-En la Argentina no se saquean supermercados ni se pintan paredes si no se pone algo. Golpeando las cacerolas pensábamos que éramos actores protagónicos, pero fuimos actores de reparto. Nada se cambia con una cacerola. Y cinco presidentes en una semana son la evidencia de la manipulación corporativa, porque hasta que no llegaba el que tenía que ser íbamos a seguir dando vueltas como una calesita. Mientras, el único principio sagrado que los argentinos defendemos es el bolsillo. Sin corralito no nos hubiéramos movido. Si no hay vocación de participación, no hay transformación. Mi interpelación no es de confrontación con los políticos, sino con la juventud que no se mete ni se compromete.

-¿Qué le parece el adelantamiento de las elecciones?

-Esto no es para la gobernabilidad sino para la perpetuidad y para usar todos los recursos y aplicar las técnicas de dominación, que son estratégicas. Tener a la gente sometida en la miseria y cambiarles por prebendas la conciencia del voto es una estrategia. ¿Para qué existe un Frente para la Victoria? Para ganar. Hagamos un frente para la república, que no es pensar en la lógica de la oposición sino en la construcción de un sistema previsible y estable. En el sitio www.argentinaciudadana.org. ar , apelo a los jóvenes porque esta vez se plebiscita la república. Asumimos un programa que es el monitor cívico. Significa que todo elector es un auditor. Te anotás en Internet y los 20 minutos que estás en el local de votación sos un auditor. "¿Cómo voy a hacer si no soy fiscal?" No hace falta, ¿sos ciudadano? Andá, fijate: ¿te afanaron la boleta? Denuncialo. ¿Te tomaron la mesa porque estaba el aparato ahí a las 8? Denuncialo.

-¿Esta vez va a ser candidato?

-No, soy candidato a ciudadano. Y lo que busco es que cada habitante sea lo mismo, que en lugar de pensar en el marketing electoral de elegir lo menos peor, o ver en el nomenclador qué candidato va a elegir, entienda que no puede votar con b larga el voto con v corta cada dos años y huir, tiene que involucrarse, participar. Un modelo de cogestión con tu representante. Esa es la nueva cultura política. No dividamos entre la sociedad civil y los políticos, sino entre los buenos y los malos. Entre nuestros políticos hay gente con buena voluntad, pero a la que al día siguiente de la elección la dejamos solita del otro lado de la trituradora. En la Argentina no avanzamos por culpa de todos los buenos que no hacen nada, que son muy malos. Hay que llamar a todos los buenos que no hacen nada y decirles: "No vayas a creer que sos bueno porque no hacés nada. Para la república sos malo".

-Su participación en varias marchas contra la inseguridad lo fueron ubicando, sobre todo para quienes lo critican, como un exponente de derecha...

-Esa es una manipulación. La percepción de la realidad es la realidad. Lo que manda es la percepción, y los sistemas totalitarios cancelan la realidad por la construcción de la percepción. ¿Y cuál es en mi caso? Que ser republicano es ser de derecha y facho. Se confunde anarquía con orden, orden con represión, izquierda con derecha. Los derechos humanos, ¿son de derecha o de izquierda? No, son del orden constitucional. Si vos planteás orden parece que querés reprimir. Si planteás institucionalidad o pedís que se respete la propiedad privada, sos de derecha. Que eso corra por cuenta de los que me lo quieren asignar.

-¿Por qué pedir por la seguridad parece un reclamo de la derecha?

-Es una manipulación. Se hizo la marcha del 18 [de marzo] por el tema de inseguridad, que era una sensación. Ahora se anuncian más efectivos, celulares, patrulleros, gendarmes. No es más una sensación. Correr el tema de la seguridad hacia la derecha es una estrategia. Ahora, ¿de qué izquierda y de qué progresismo hablamos si los siete años de vacas gordas se los tragaron? No sólo por lo impúdico de las carteras de 40.000 euros, de los hoteles en El Calafate, de tener casinos y empresas a nombre de testaferros, de apropiarse de industrias y de licitaciones, cancelando toda auditoría, sacando a fiscales como Garrido, teniendo los jueces apretados. ¿Qué izquierda es ésa?

-¿Le parece que, como dicen algunos ministros de la Corte, la sensación de inseguridad la causan los medios?

-Lo que me parece improcedente es desconocer la tragedia y el dolor. Cuando uno habla de inseguridad habla de personas asesinadas. La opinión de un ministro de la Corte es importante, pero lo que nos debe preocupar es cómo funciona la Corte como institución. Somos muchos los que luchamos contra la pobreza, pero ¿qué tal si la Corte también toma los recaudos de auditar los fideicomisos multimillonarios para la obra pública que no audita nadie y acelera un poco más las causas no sólo de los represores, recordando que lo que necesitamos para pacificar no es revancha? Todos los hechos ilícitos, Skanska, la valija de Antonini, los enriquecimientos ilícitos, ¿no tienen que ver con la pobreza? La plata que necesitan los humildes para comprar el pan se la están robando. Tengamos una línea más coherente para no salir cada tanto espasmódicamente a gritar lo que después no podemos cumplir porque no tenemos sistema.

-¿Cómo fue su proceso de conversión religiosa?

-Soy egresado de Farmacia y Bioquímica y trabajé en la industria farmacéutica, en control de calidad y desarrollo de fármacos. Pero éste es un llamado y tiene que ver con mi vocación educativa. Si usted me pregunta de qué trabajo, respondo que de educador. Todo lo que estuvimos hablando es, en el fondo, de cultura y de educación. Lidero una red de organizaciones sociales y educativas que desde la comunidad judía se proyectan a la sociedad argentina, y ahora estoy con Argentina Ciudadana, una organización de red de redes que plantea esta construcción cívica. Mi llamado siempre tiene que ver con estar y servir a la gente. Y mi profesión me da una síntesis entre lo científico y lo humanístico. Parece medio renacentista, pero cambié de alquimia. Es otra química: la química del espíritu.

Mano a mano

¿Me iré al infierno si confieso que esta entrevista me agotó? No sólo porque fue una de las más interesantes de las que hice hasta hoy, lo cual hizo que extremara la atención a sus palabras, sino también porque fue extenuante esperar a que mi entrevistado tuviera que respirar para poder intercalar una pregunta en la hora y veinte de charla. Ante cada pregunta correspondieron unos 20 minutos de un Bergman auténtico, sin pausas. Apasionado, lleno de ideas y de slogans, ecuménico en su concepción política, con su eterna kipá multicolor y un moderno iPhone. Su discurso suena convincente en el plano de su batalla cívica para cambiar la política, aunque tan duras críticas contra los Kirchner pueden entusiasmar a los que piensen con él, pero también espantar a quienes deberían, a tono con su vocación, tener una oportunidad de conversión. Lo que dice sintoniza con lo que una parte de la sociedad espera que le digan. Hay allí propuestas que superan los corsés ideológicos y una filosa capacidad de hacer un diagnóstico de la sociedad argentina. Me da lástima que más de la mitad de la entrevista no haya entrado aquí por cuestiones de espacio. Quizá por confesarlo me gane el cielo.  

 Editorial..

20090406 LN Gobernar no es sólo anunciar 

            A menudo, los anuncios del gobierno kirchnerista contrastan con la frustrante inexistencia de los hechos ……..

 El escenario

20090408 LN Una herencia agobiante   Joaquín Morales Solá

 Si no hubiera un contrato matrimonial en el medio, ya sería hora de que Cristina Kirchner comenzara a hablar de la pesada herencia recibida. Casi todos los presidentes argentinos han vivido de réditos en el poder durante mucho tiempo denunciando la deficitaria sucesión que les tocó. La Presidenta no puede hacer eso porque al legador de su problemas lo tiene compartiendo el dormitorio y la cocina.

La decisión de embargar todos los fondos de la Argentina en Francia por el viejo default con los holdouts es un hecho importante, pero no el único. Hay una larga saga de viejos explosivos nunca desactivados por Néstor Kirchner, que ahora están explotando en los zapatos de su esposa.

Millones de argentinos, por ejemplo, se han desmayado de estupor en los últimos días, y muchos más seguirán sorprendiéndose en las próximas semanas, por tarifas de gas con aumentos que, en algunos casos, quintuplican los valores anteriores. Los aumentos de la electricidad ya han triplicado los precios que se pagaban.

En la última reunión del G-20, en Londres, se decidió un importante aporte de capital al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero se subrayó que el organismo debía seguir profundizando su línea de créditos flexibles. La Argentina, que estaba en Londres, quedó fuera de esos créditos. Estos necesitan que el país cumpla con las revisiones anuales del capítulo IV del Fondo. Ninguna revisión, por más amable que sea, dejará pasar sin objetarla la manipulación de las estadísticas oficiales en manos de Guillermo Moreno.

Nada es tan agobiante en la herencia de Cristina Kirchner como la propia persona de Moreno, un hombre que confunde su arcaica noción de lo "nacional y popular" con apetencias colectivas mucho más modernas.

Néstor Kirchner solía decir, cuando era presidente, que la Argentina debería hacerse cargo, en algún momento, de la deuda con los bonistas que no entraron en el canje de 2005, los famosos holdouts. "20.000 millones de dólares son un elefante demasiado grande como para pasar inadvertido", repetía.

Sin embargo, jamás dio un paso adelante, seguramente convencido de que cualquier arreglo significaría la entrega de algunos recursos del Estado, que el ex presidente usaba y usa para disciplinar la política interna. Su esposa intentó algo al principio de su gestión para arreglar esa deuda, pero el conflicto con el sector agropecuario y la crisis financiera internacional impidieron luego cualquier progreso. Los buenos tiempos habían pasado.

Griesa tuvo con la deuda argentina una larga paciencia. No obstante, esa paciencia se colmó, dicen, cuando el gobierno argentino aceptó pagarle a Hugo Chávez tasas de interés del 14 por ciento anual y cuando, al mismo tiempo, anunció que pagaría totalmente la deuda con el Club de París.

"Si tiene dinero para hacer todo eso, ¿por qué no paga sus viejas deudas?", escucharon preguntar al anciano juez de Nueva York. La impaciencia del magistrado aumentó aún más cuando el Gobierno decidió la estatización de los fondos de pensión en manos de las AFJP.

Lo cierto es que el Gobierno tomó el dinero de Chávez y los ahorros de las AFJP, pero no saldó la deuda con el Club de París. Este default y el de los holdouts quedaron abandonados en medio de la crisis económica interna, profundizada luego por la crisis internacional. Néstor Kirchner quería pagarle todo en efectivo al Club de París y no aceptaba ninguna refinanciación porque se negaba a un acuerdo que sólo lo obligaba a pasar por las revisiones rutinarias del Fondo Monetario. El default no resuelto desde hace casi ocho años totaliza unos 28.000 millones de dólares nominales entre holdouts y el Club de París.

Franjas enormes de argentinos comenzarán a pagar ahora una fiesta de gas y electricidad; participaron de esa fiesta, aunque nadie les preguntó si querían entrar en ella. Durante seis años las tarifas se mantuvieron congeladas para honrar encuestas de opinión pública o proyectos electorales. La sociedad argentina pagó durante ese tiempo apenas un tercio, cuando no un cuarto, del precio de gas y electricidad que pagaban sus propios vecinos del sur de América. Las reservas de gas cayeron vertiginosamente y la inversión se fugó de la generación de electricidad.

Néstor Kirchner se fue sin cambiar esa política, pero ahora le tocó a su esposa la misión de notificar que todos los aumentos relegados han llegado juntos y en el peor momento. La crisis de escasez está dentro de casa y, además, las facturas más sangrientas de gas y luz vendrán en junio, contemporáneamente con las elecciones de mitad de mandato. El consumo de gas es mucho mayor en invierno por la calefacción, y el de electricidad también porque en invierno hay menos horas de luz solar.

"Los argentinos pasaremos un invierno ucraniano, porque el gas será un producto muy caro", dijo un especialista. El Estado exhausto que dejó Néstor Kirchner no puede hacerse cargo de la tarifa social ni de la garrafa popular ni tampoco de las deudas por los viejos subsidios al consumo de gas y electricidad. El resto de la sociedad, la que no está bajo la línea de la pobreza, deberá solventar esos compromisos impagos.

El ex presidente no puede pagar tales deudas políticas porque es el marido presidencial. Pero alguien debería pagar por tanta distracción y derroche.

Hay funcionarios que han errado sólo por la necesidad de no llevar nunca malas noticias a los que gobiernan; están incluidos todos los funcionarios de los ministerios de Planificación y de Economía, entre otros. Errar por sumisión y por disciplina no los hace mejores. Una renuncia masiva de funcionarios podría reparar, sólo en parte, el padecimiento social y el bochorno internacional del país

 Editorial I

20090409 LN La trasgresión tiene sus límites

El embargo de cuentas bancarias de la embajada argentina en París por bonistas constituye un severo llamado de atención

El embargo de las cuentas bancarias de la embajada argentina en París ha sido una clara señal hacia nuestro gobierno de que la ruptura y el desconocimiento de las reglas tienen un límite.

La medida derivó de una sentencia judicial que acogió favorablemente el reclamo de tenedores de bonos argentinos que no aceptaron la oferta de canje en 2005. En la esencia jurídica del tema no interesa si se trata del reclamo de un fondo "buitre" o de pequeños ahorristas. Se trata de quienes tienen bonos emitidos por el gobierno nacional, cuyos pagos están incumplidos y que no aceptaron en 2005 canjearlos con una pérdida que por su magnitud no guardaba antecedentes en las reestructuraciones de deuda soberana. Desde aquel momento esos bonistas fueron desconocidos por el emisor, al punto que dejaron de estar incorporados a las estadísticas oficiales de la deuda pública argentina.

Las autoridades argentinas han reclamado amparándose en la Convención de Viena, que establece la inembargabilidad de los bienes de las representaciones diplomáticas. Sin duda este fundamento es válido y el embargo probablemente será dejado sin efecto. Pero ya anteriormente, en noviembre de 2008 y luego de que se estatizaran los fondos administrados por las AFJP, el juez neoyorquino Thomas Griesa había dictado un embargo, que sigue vigente, sobre fondos que las administradoras tenían en los Estados Unidos.

Cualquiera sea el resultado de estos intentos de embargo, estos hechos deben tomarse como un severo llamado de atención sobre los extremos a los que se ha llegado por el incumplimiento por parte del Estado argentino de obligaciones nacionales e internacionales. No sólo hay deudas sobre las cuales no se pagan intereses ni capital desde hace más de ocho años, sino también sentencias desfavorables relacionadas con concesiones de servicios públicos que estaban amparadas por convenios internacionales de protección de inversiones. Los bonistas y acreedores del exterior han recibido mejor acogida en tribunales internacionales que la que los residentes argentinos damnificados por el mismo motivo han tenido en la justicia local. Esta ha estado acotada por una legislación ad hoc dictada oportunamente por un Congreso dispuesto a darle un marco jurídico de dudosa constitucionalidad a los excesos gubernamentales que acompañaron el default y la salida de la convertibilidad. Debe reconocerse que ciertas decisiones del poder político desde mayo de 2003, sumado a un Consejo de la Magistratura que amenaza a jueces independientes, condicionaron el espacio de acción de una Justicia temerosa. La tajante condena presidencial a los bonistas que no adhirieron al canje y su posterior desconocimiento los convirtió, al menos hasta hace un año, casi en innombrables.

Nuestro país no merece la humillación del embargo de cualquier bien público que asome sus narices en el exterior. No sólo por orgullo nacional, sino también por necesidad. La situación fiscal de la Nación y de las provincias se agrava día tras día y está en riesgo la capacidad de cumplir con los pagos externos.

No habrá forma de incrementar significativamente los recursos en el entorno recesivo en que ha entrado nuestra economía. El camino es el del trabajo serio en la reducción estructural del gasto público, enfrentando las necesidades de pagos de la deuda mediante el acceso al crédito externo. Esto exige recomponer las relaciones con el mundo, cumpliendo las reglas esenciales de la convivencia internacional y de la seguridad jurídica. La reciente reunión del G-20 ha establecido ciertas pautas de mayor control y canalización de fondos para evitar en el futuro la repetición de las condiciones que desembocaron en la actual crisis internacional. Entre ellas, se ha asignado un rol destacado al Fondo Monetario Internacional, que debería ser el paso más lógico para que nuestro país acceda a una parte sustancial del crédito que necesita. Lo que ha quedado claro es que no habrá cambios en la esencia jurídica y moral de las reglas que los países deberán respetar para no quedar fuera de las corrientes de ayuda, del crédito y de las inversiones. Es de esperar que el gobierno de Cristina Kirchner sepa hacer la lectura correcta

 20090409 LN Las claves del progreso económico    Alieto Aldo Guadagni

Haber aumentado el PBI a un ritmo no menor al 7% anual por más de 25 años consecutivos es un razonable indicador de un sustancial progreso económico de una nación. El caso es que son apenas trece los países que cumplen este requisito desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. De estos trece nada menos que nueve están en el Asia-Pacífico y apenas uno en América latina (Brasil). Encabeza el grupo asiático exitoso China, que fue capaz de multiplicar trece veces su PBI por habitante entre los años 1950 y 2005. El gigante asiático es seguido en este sendero de sostenido progreso por Corea, Singapur, Taiwan, Japón, Hong Kong, Tailandia, Malasia e Indonesia.

Si entre unas ciento ochenta naciones en todo el mundo apenas trece se destacan por su excelente comportamiento, vale la pena preguntarse cuáles son las razones que explican este resultado. El interrogante clave es cuáles son los factores que explican el crecimiento económico de un país. Pero no un crecimiento esporádico o transitorio, sino uno prolongado y estable, es decir un verdadero proceso de desarrollo económico acompañado por una considerable reducción de la pobreza.

Existe un consenso generalizado respecto de la identificación de numerosos factores explicativos del progreso económico. Pero si queremos presentar una lista abreviada debemos mencionar, por lo menos, ocho cuestiones importantes.

1- Solidez macroeconómica, es decir, financiamiento genuino del gasto público y ausencia de inflación y, sobre todo, de hiperinflación. La política tributaria al mismo tiempo tiende a mejorar la distribución del ingreso, y no a hacerla más regresiva al subsidiar, por ejemplo, a través del gasto fiscal, a los ricos y no gravar sus rentas.

2- Alto nivel de ahorro, pero volcado a la inversión productiva interna en el propio país, es decir, ausencia de una fuga sistemática de capitales.

3- Buena regulación estatal que permita funcionar a mercados eficientes, sobre todo en sectores intensivos en capital, como la infraestructura energética, que demanda una fuerte inversión a largo plazo. Las regulaciones tienen que evitar la consolidación de monopolios y ser claras y estables, fuera del alcance de la manipulación de funcionarios corruptos. Los órganos regulatorios son conducidos por personas profesionalmente competentes y preservadas de la presión política.

4- Gobiernos estables, capaces, creíbles y con una visión estratégica de largo plazo; si el régimen político imperante es una democracia pluripartidaria (cosa que, paradójicamente, no es China) esto exige la vigencia de políticas compartidas de Estado en las cuestiones fundamentales. 5- Existencia de una burocracia pública profesionalmente competente y estable, es decir, no sujeta a los vaivenes electorales. 6- Apoyo al desarrollo científico y tecnológico vinculado a la producción, sobre todo por medio del sistema educacional.

7- Educación generalizada e inclusiva de todos los grupos sociales, pero exigente y de alta calidad, con un calendario escolar a nivel primario y secundario que supera los 190 días de clase por año. Los niños pobres no son postergados por la vigencia de escuelas deficientes, mal equipadas y con un corto período lectivo. La universidad está abierta a todas las clases sociales y no discrimina en función del nivel económico de los alumnos. Pero el ingreso en la universidad compromete el máximo esfuerzo intelectual por parte de los aspirantes, es decir, no es irrestricto. La universidad contribuye al crecimiento económico, al formar profesionales aptos para aplicar las nuevas tecnologías; la matrícula universitaria no está anclada en las tradicionales carreras del pasado, sino en las nuevas, necesarias para poner en valor todos los recursos naturales del país y expandir su capital humano altamente calificado.

8- El último requisito se refiere a saber aprovechar las oportunidades del mundo globalizado, lo cual exige tener una fuerte vocación "ofensiva", es decir exportadora, más que vocación "defensiva", es decir de cierre del comercio exterior. Todos los países exitosos han tenido un dinámico comportamiento exportador. La actual crisis mundial pone de relieve particularmente la importancia de esta cuestión, referida a la inserción internacional de las naciones. Por eso es oportuno referirnos ahora a nuestro país y a la mejor manera de enfrentar esta crisis de alcance mundial.

Si uno observa el comportamiento de nuestras exportaciones en los últimos años observará un fuerte incremento, pero no gracias a mayores volúmenes, sino simplemente al aumento de los precios de las commodities . Países como Perú, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay, Colombia y Paraguay vienen aumentando sus exportaciones más que nosotros.

Como los altos precios de nuestras exportaciones son ya cosa del pasado, ahora el camino por recorrer será más arduo, ya que habrá que incrementar la producción exportable. Para esto es necesario comenzar a desmontar ya mismo el mecanismo de las retenciones, que sirve para recaudar mucho, pero, al mismo tiempo, es la mejor receta para la parálisis de las inversiones productivas. Nuestros gravámenes al comercio exterior superan siete veces a los de Brasil y ocho veces a los de Chile. Es hora de reducirlos.

Tengamos en cuenta que nuestras exportaciones se orientan a mercados mundiales que serán poco propicios en los próximos meses, ya sea porque están en recesión, como Europa, Estados Unidos o Japón, o porque han devaluado fuertemente sus monedas, como Brasil, Chile y México. Casi el 80% de nuestras exportaciones serán afectadas negativamente por estos hechos, lo cual nos debe inducir a revalorizar el rol de la producción orientada hacia las exportaciones y su impacto en mantener los niveles de empleo y actividad, particularmente en el interior del país.

El ciclo económico apunta a la recesión, por eso es crucial implementar sin demoras una política anticíclica, al estimular la demanda global para que tenga mayor impacto expansivo. El aumento en el gasto público no es el mejor mecanismo; si se quieren acelerar las obras públicas para mantener la actividad se tropezará con los vericuetos de la burocracia, y mientras más urgencia haya en avanzar en los proyectos, mayores serán los desvíos por sobrecostos. Es más efectivo eliminar ya todos los impuestos a las exportaciones de manufacturas industriales; no tiene ningún sentido ahora gravar, por ejemplo, las exportaciones de calzado, indumentaria, vehículos, plásticos, motores, aluminio y siderurgia. También hay que eliminar ya los impuestos que castigan a las economías regionales, como los vinos, frutas, hortalizas, té, yerba y porotos. En cuanto a los impuestos a los productos agropecuarios, habría que reducirlos y permitir aplicar una fracción al pago de impuestos nacionales.

Es urgente estimular al sector privado para que aumente su producción; es la mejor vía para evitar la recesión y el desempleo; además, si la mayor producción fortalece las exportaciones, su contribución a disipar los pronósticos apocalípticos será invalorable. Siendo todo esto positivo, no alcanzará para encaminarnos a la senda del desarrollo económico sostenido; para ello habrá que prestar más atención a todo lo demás que hicieron las naciones exitosas.

El autor es economista. Fue representante de la Argentina ante el Banco Mundial (2002-06

 2009014 LN Falsos candidatos   Adrián Ventura

El kirchnerismo oficializó la mentira. Listas sábana, listas colectoras, listas colectoras inversas y, ahora, listas simuladas: son el último desarrollo de ingeniería electoral del kirchnerismo.

Gobernadores e intendentes se postulan para cargos legislativos, aunque anuncian de viva voz que nunca asumirán sus bancas. El único objetivo es comprometerse con el modelo K y traccionar votos. Así, Néstor Kirchner diseñó un seguro contra la traición, sin importarle que esté empujando al sistema institucional al precipicio.

Los argentinos con frecuencia nos quejamos de las boletas con listas sábana, porque bajo esa larga grilla de nombres ignotos sólo emergen a la luz los primeros dos o tres candidatos. Ahora, las cosas serán peores: los dos o tres primeros candidatos de la lista kirchnerista, es decir, funcionarios que se dirán candidatos y actuarán como tales, no asumirán. Los cargos serán ocupados por quienes vengan debajo, en el orden la lista.

La opacidad fue reemplazada por la total oscuridad. ¿Quiénes son los candidatos suplentes, es decir, aquellos que realmente ocuparán los escaños en juego? ¿Cuánto le costará al oficialismo conservar su fidelidad? En el ocaso de una gestión, el precio de la fidelidad se cotizará en alza.

El kirchnerismo las llamó "listas testimoniales". Esa es la primera falsedad, porque "testimonio" es lo que da fe, lo auténtico –por ejemplo, la copia de la escritura de un departamento, que se llama "primer testimonio"–, y nada menos auténtico que listas de candidatos que, según confiesan, no asumirán. Son listas simuladas o falsas.

Pero el engaño que oficializó Kirchner es impune: una mentira que, por haber sido fraguada por políticos poderosos que están fuera del alcance de la ley, no tendrá consecuencias legales, pero una mentira al fin, con suficiente gravedad como para manchar los comicios y la democracia.

Las listas simuladas o falsas van contra todo sentido democrático y republicano. Ese mecanismo desprecia la división de poderes y postula a integrantes de poderes ejecutivos para cargos legislativos; vacía de contenido a los partidos, porque los candidatos no surgen de internas ni son los mejores, sino que son los caciques con capacidad para arrastrar votos, y, además, hace que se dilapide el presupuesto de las campañas, que estará destinado a ensalzar a figuras que nunca asumirán, pero que ocultan a los verdaderos candidatos, en las sombras.

Mientras que la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de Derechos Civiles y Políticos exigen que los comicios sean auténticos y la Argentina les dio jerarquía constitucional a ambos, nuestros comicios serán oficialmente falsos. Estamos frente a una maquiavélica paradoja, construida o tolerada por una clase política que se volvió mendaz y desprejuiciada.

Según el Código Penal, si usted vende o entrega algo de calidad distinta de la prometida –por ejemplo, en lugar de vino, entrega agua coloreada – incurre en el delito de defraudación y puede ir a prisión. En cambio, el ardid de Kirchner, capaz de llevar a millones de personas a votar por candidatos falsos, nos dicen que no es ilegal. En la Argentina, las cosas funcionan al revés de lo imaginable.

Es claro que nadie pretende que se aplique el Código Penal a los políticos por las mentiras que dicen en las campañas, pues pocos quedarían libres.

Tampoco se puede reclamar que los jueces, en un acto heroico, se inmolen en una lucha despareja con todos los integrantes del grupo político más fuerte del país. Pero es evidente que algo falla y parece que es cierto modo de hacer política. Si la boleta simulada obtiene una victoria importante, la foto de familia garantizará sonrisas y más reparto. Pero si obtiene un margen estrecho, un resultado deslucido, ¿no pierden todos, además de Kirchner?

Frente a una coyuntura económica que exija tomar medidas de emergencia, ¿quién tendrá poder político para adoptar esas medidas, quién podrá asegurar la gobernabilidad? Por otra parte, cuando el kirchnerismo busque nombres para 2011, ¿no los habrá incinerado de antemano? Los kirchneristas replican que todos los partidos postulan candidatos ejecutivos para cargos legislativos, como es el caso de Gabriela Michetti. Pero la situación no es idéntica porque ninguno de ellos confesó, de antemano, que no asumirá su cargo.

La situación actual tampoco es idéntica a la que vivió la Argentina cuando, en 1973, el pueblo votó a Héctor J. Cámpora, previendo que él no sería el verdadero factor de poder. En efecto, el peronismo venía de una situación de proscripción y, además, el que reemplazó a Cámpora, nueva elección mediante, fue Juan Domingo Perón, una personalidad mucho más importante que el hasta entonces diputado. La Argentina no vive en un sistema democrático ni republicano, sino en sus márgenes exteriores. Recordaba Borges que los compadritos o pendencieros se batían a cuchillazos con la policía, encarnación de la ley. El compadrito político, más moderado, no mata, pero engaña a la ley sin vergüenza alguna.

 Editorial I

20090414 LN El reino de lo grotesco

Incumplir mandatos ciudadanos y alentar falsas candidaturas dista de ser saludable para el sistema democrático

La grotesca propuesta del titular del Partido Justicialista, Néstor Kirchner, para que gobernadores provinciales e intendentes se postulen, respectivamente, a bancas de diputado nacional y de concejal, que finalmente no asumirán, constituye una burla al electorado que debería ser condenada por la ciudadanía.

Invitar a los electores a votar por alguien que no asumirá el cargo para el cual se postula es, sencillamente, una falta de respeto al votante y una muestra más del habitual menosprecio de la clase política por nuestras instituciones.

Resulta francamente absurdo que, con el fin de "plebiscitar" la gestión del gobierno nacional o la de los gobiernos provinciales, los mandatarios de los distritos tengan que encabezar una lista para cargos legislativos que ni siquiera están dispuestos a asumir. Más ridículo aún suena que esos gobernadores e intendentes tengan que distraerse durante casi tres meses en una campaña proselitista para un puesto que tienen resuelto no ocupar.

No menos insólito resulta escuchar a un intendente de un partido bonaerense anunciar que será candidato a concejal de su distrito con el fin de defender el proyecto del gobierno nacional. Hasta ahora, podía y debía suponerse que las cuestiones que se debaten en una elección de ediles eran típicamente locales. En adelante, alguien pretende hacerle creer equivocadamente al electorado que en cualquier simple elección de concejales estará en juego la política de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Es ése un reflejo del grado en que se ha desvirtuado la concepción del federalismo y del pobre nivel de cultura cívica de nuestra dirigencia política.

La propuesta kirchnerista es un indicador de lo poco que le importa al oficialismo el principio de división de poderes y, también, un síntoma de la escasa importancia que se le asigna a una reforma política que quien hoy ocupa el Poder Ejecutivo Nacional alguna vez se preocupó por propiciar.

Nuestra historia política reciente está tristemente llena de ejemplos sobre esta clase de manoseos institucionales. Desde un profesional de las dietas que asumió una banca de diputado por un día para obtener el derecho a una jugosa jubilación de privilegio hasta legisladores que asumieron sus bancas apoyando el programa de un partido político para mudarse de agrupación, una vez instalados en el Congreso. Y desde diputados y senadores nacionales que, habiendo sido elegidos por una provincia determinada, incumplieron sus mandatos para postularse a otro o al mismo cargo electivo por otro distrito electoral, hasta ministros que dejaron su puesto para presentarse en comicios legislativos y que, tras ser elegidos para la función parlamentaria, volvieron a su cargo ejecutivo original.

Lamentablemente, estas vergonzosas maniobras no son patrimonio exclusivo del oficialismo. Que un diputado nacional elegido hasta 2011, como Felipe Solá, renuncie a ese mandato popular para presentarse nuevamente como candidato al mismo cargo que hoy ocupa es, a todas luces, insólito. Del mismo modo, pretender que la vicejefa de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, deje ese cargo para postularse a una banca de diputada nacional, además de inoportuno e innecesario, implica violentar un mandato popular que le ha conferido la ciudadanía. Si, como han esgrimido dirigentes del macrismo, el puesto de vicejefe de gobierno porteño carece de mayor relevancia, pese a que su ocupante es nada más ni nada menos que quien reemplazará a la máxima autoridad en caso de muerte o renuncia, el oficialismo de la ciudad debería ser el primero en propiciar la reforma de la Constitución local para eliminar el cargo.

La clase política argentina debería reflexionar seriamente sobre estas situaciones, que no están haciendo más que desacreditar todavía más a una actividad que debería estar al servicio del bien común y no de pequeños intereses personales o de facciones.

La tan mentada calidad institucional será cada vez menos alcanzable a este paso. Incumplir los mandatos ciudadanos, al igual que dar rienda suelta a las mal llamadas "candidaturas testimoniales", además de sembrar confusión y distorsionar la voluntad del electorado, dista de ser saludable para un sistema democrático que, curiosamente, encuentra cada vez más obstáculos en quienes deberían ser sus principales defensores.

20090416 LN Desalentador clima de negocios

 A pesar de la indiferencia oficial, varios informes insisten en señalar que la corrupción inhibe las inversiones en el país …..

 20090403 LN El indec y su pobreza mentirosa

 Las estadísticas falsas  que elabora el Gobierno impiden diagnosticar y modificar el drama de la población más cadenciada.

 Para la CTA y la Universidad Católica a nivel nacional DUPLICA la registrada por el INDEC  …

20090405 LN "Los argentinos estamos enfermos de valores" Entr. Con Sergio Bergman

Mediático y polémico, el rabino Bergman se ha convertido en una voz de referencia en la vida política y social del país. Crítico del Gobierno, dice que no busca ser parte de la oposición sino forjar un movimiento cívico que despierte a la ciudadanía de la indiferencia   por Ricardo Carpena
 

Es el rabino que se hizo famoso al lado de Juan Carlos Blumberg, que anunció luego que iba a trabajar con Elisa Carrió, que festejó con Mauricio Macri su triunfo electoral porteño en 2007, que reconoce como un referente a monseñor Jorge Bergoglio y que asegura que no forma parte de la oposición, aunque asocia a Néstor Kirchner con la locura, con Nerón, con Juan Manuel de Rosas y con el "anarcoseudoprogresismo totalitario".

Planteado en estos términos, Sergio Bergman podría ser el mejor símbolo de los zigzagueos argentinos. Pero él dice que no es así y tiene una explicación para sus pasos, aunque es cierto que, vistos desde la lógica tradicional de la política argentina, se puede caer en esta simplificación casi pecaminosa del derrotero de este referente religioso y social que ya se convirtió en un fenómeno.

Fenómeno mediático, por un lado, porque su mensaje, lleno de juegos de palabras y de conceptos claros sobre, por ejemplo, el sistema republicano y la inseguridad, es tan contundente y marketinero que acapara centímetros y segundos en los medios. Y político, además, porque ha logrado crecer como ideólogo de un movimiento cívico que busca, más allá de las ideologías, que los argentinos participen para renovar y mejorar los partidos y, en definitiva, el sistema democrático.

Claro que ese camino está plagado de buenas intenciones, pero no es nada aséptico: no oculta ni disimula ninguna de sus opiniones lapidarias contra la corporación política en general y, en particular, contra el kirchnerismo. En la entrevista que mantuvo con Enfoques fue enfático al aclarar que no se considera opositor ni crítico del Gobierno: "Yo tengo un pensamiento crítico del sistema", prefirió decir, instantes antes de quejarse de la decisión de anticipar las elecciones nacionales: "Esto no es para la gobernabilidad sino para querer perpetuidad, y usar todos los recursos y aplicar las técnicas de dominación, que son estratégicas. Tener a la gente sometida en la miseria y cambiarle por prebendas la conciencia del voto es una estrategia."

Pero a todos los argentinos, y al peronismo en especial, tampoco les fue mucho mejor: sin nombrarlos, los consideró "partícipes necesarios de un golpe cívico-corporativo" en 2001. "Cinco presidentes en una semana es la evidencia de la manipulación corporativa, porque hasta que no llegaba el que tenía que ser íbamos a seguir dando vueltas como una calesita", sostuvo el rabino.

De todas formas, Bergman destacó que "los argentinos estamos enfermos de valores y la solución es cultural", e hizo hincapié en que "el problema no son las candidaturas porque una república no se hace con votos sino con participación".

En este punto fue particularmente duro hacia la indiferencia y la falta de compromiso de la sociedad: "El único principio sagrado que defendemos los argentinos es el bolsillo", señaló, e inmediatamente pidió "no dividir entre la sociedad civil y los políticos, sino entre los buenos y los malos". Y allí ofreció una de sus tantas frases dirigidas a movilizar a la gente: "En la Argentina no avanzamos por culpa de todos los buenos que no hacen nada, no por culpa de los malos".

Insistió en que no será candidato en las próximas elecciones y en que, en cambio, se considera "candidato a ciudadano" e impulsor de un "modelo de cogestión" con los representantes elegidos en las urnas, de forma tal de "no dejarlos solos del otro lado de la trituradora".

-¿Se considera un opositor?

-No. Me siento constructor, contribuyente de una dimensión alternativa, que no se opone ni confronta sino que transita y trasciende los espacios de lo público, donde lo más urgente es el mediano plazo. Los argentinos estamos enfermos de valores y la solución es cultural. En la Argentina hay más buenos que malos. Lo que no supimos resolver aún es por qué los malos trabajan tan bien y el bien trabaja tan mal.

-Pero usted ha criticado duramente al kirchnerismo. ¿Qué es lo que menos le gusta de los Kirchner?

-Acá siempre estamos hablando de las figuras, y no discutimos ideas sino personas. Quiero correrme de ese lugar. Por eso: ni opositor ni tampoco un crítico del kirchnerismo. Yo tengo un pensamiento crítico del sistema. Lo que no tenemos es sistema, y cuando no lo tenemos perdemos todo. El kirchnerismo es muy útil para explicar los peligros de no vivir en un sistema.

-¿No es exagerado haber dicho que Néstor Kirchner confundía el legado de Perón con las locuras de Nerón?

-Uno esta hablando del líder y no de los liderados. Yo interpelo a los ciudadanos que duermen la siesta como habitantes, a los que plantean que son peronistas y dejan que el legado de Perón sea manipulado y utilizado para algo que nada tiene que ver con el peronismo, cuando seguimos discutiendo lo que ya no tiene sentido discutir. Como seguir discutiendo a [Juan Manuel de] Rosas, apasionante pero no vinculante ni relevante a los fines de la Argentina de hoy, donde hasta hay una repetición del modelo de Rosas: la suma del poder, un restaurador, una acumulación inaudita que la historia argentina pagó cara. Cuando digo locuras, mi mensaje tiene que ver no sólo con la patología, tiene que ver con una Argentina que enloquece, que confronta, que se crispa. Con un campo que genera riquezas y que es destruido gratuitamente antes de que el mundo se caiga. Y reaccionar temperamentalmente. Ver enemigos donde no los hay. Desprestigiar a los medios. Que todo interlocutor no sea válido por definición porque si no piensa como yo o no lo doblego, tiene que ser destruido... Todo eso tiene que ver con la locura. Ahora, ¿de dónde viene? Tenemos un referente emergente, pero, en realidad, es una cultura, una habilitación por omisión, que es un pecado también de muchísimos argentinos que confunden lo popular con el populismo...

-¿No es demasiado decir, como lo hace usted, que no tenemos república?

- No soy destituyente, no estoy hablando de otra cosa que no sea de la ley de la Constitución. Tenemos una república enferma, incompleta, no funcional. ¿Me van a decir que tenemos república? Está bien, la tenemos. Hay un Congreso, que es Poder Legislativo que no tiene poder, que no puede votar otra cosa que lo que le mande el Ejecutivo. Eso, de acuerdo con la Constitución Nacional, es traición a la patria. Es lo que dice la Constitución: los legisladores que cometen actos de nulidad absoluta al transferir la suma del poder público y se subordinan a la hegemonía ejecutiva están traicionando a la patria. Entonces, ¿qué tenemos hoy? Tenemos, con perdón de los escribanos, una escribanía deliberante. Ahora es deliberante porque hablan. Antes ni hablaban. Firmaban. Pero todo lo que hablan ya sabemos que es lo que el jefe les manda. Porque han jurado por el jefe, por Dios y por la patria. Por el jefe antes de entrar a la banca y por Dios y por la patria el día del juramento.

-Su discurso está muy politizado...

-Es el tiempo de que todos nos metamos en política. Que no es lo mismo que estar militando partidariamente. El problema no son las candidaturas. Porque una república no se hace con votos, sino con participación. Y a una república no la resuelve un candidato mejor, sino un sistema pleno y vigente. Entonces, en los bares y en las calles se dice: "¡Qué locura!", o "¡Qué locos que estamos!". Porque en un país bendito como el nuestro la única maldición, que no es bíblica, somos nosotros. Por supuesto que el ícono mas emblemático y representativo puede ser Néstor [Kirchner] por una anomalía institucional. Ni en su peor pesadilla, [Juan Bautista] Alberdi pudo prever, en el orden constitucional, una sucesión casi indefinida en una rotación matrimonial. Pero entramos en esa lógica y durante un año nos bancamos la conversación de si iba a ser pingüino o pingüina. Hillary, que es Clinton, jamás quiso como ahora ser argentina porque por sólo ser esposa hubiera sido presidenta. Y, sin embargo, tuvo que ir a elecciones internas...

-Hablando de Estados Unidos, ¿se puede repetir acá un fenómeno de participación popular como el de Obama?

-Lo primero que hay para un Obama es un sistema. Que genera reglas de juego claras, donde un prestigioso abogado puede definir que entra a la política porque hay reglas de juego y puede llegar. Lo que tenemos acá es clientelismo, dominio territorial, manipulación de los íconos y de los mitos. No nos olvidemos de que el mismo Perón que se vota es el que los echó de la Plaza. Y el problema no es haber sido montonero, si no pretender serlo igual 30 años después. En Estados Unidos ser republicano y ser demócrata es tener clara una identidad política e ideológica. Y eso no lo cambia el líder de turno, eso es un sistema. Acá, las reglas de juego son hacer un juego con las reglas. ¿Cómo llegás en política? Apadrinado, transando, negociando con intereses sectoriales. No llegás a ningún lado con elecciones internas, y es lo que hace que culturalmente la política no sea política, sino una corporación. En 2001, por ejemplo, fuimos partícipes necesarios de un golpe cívico-corporativo...

-¿Le echa la culpa al peronismo?

-En la Argentina no se saquean supermercados ni se pintan paredes si no se pone algo. Golpeando las cacerolas pensábamos que éramos actores protagónicos, pero fuimos actores de reparto. Nada se cambia con una cacerola. Y cinco presidentes en una semana son la evidencia de la manipulación corporativa, porque hasta que no llegaba el que tenía que ser íbamos a seguir dando vueltas como una calesita. Mientras, el único principio sagrado que los argentinos defendemos es el bolsillo. Sin corralito no nos hubiéramos movido. Si no hay vocación de participación, no hay transformación. Mi interpelación no es de confrontación con los políticos, sino con la juventud que no se mete ni se compromete.

-¿Qué le parece el adelantamiento de las elecciones?

-Esto no es para la gobernabilidad sino para la perpetuidad y para usar todos los recursos y aplicar las técnicas de dominación, que son estratégicas. Tener a la gente sometida en la miseria y cambiarles por prebendas la conciencia del voto es una estrategia. ¿Para qué existe un Frente para la Victoria? Para ganar. Hagamos un frente para la república, que no es pensar en la lógica de la oposición sino en la construcción de un sistema previsible y estable. En el sitio www.argentinaciudadana.org. ar , apelo a los jóvenes porque esta vez se plebiscita la república. Asumimos un programa que es el monitor cívico. Significa que todo elector es un auditor. Te anotás en Internet y los 20 minutos que estás en el local de votación sos un auditor. "¿Cómo voy a hacer si no soy fiscal?" No hace falta, ¿sos ciudadano? Andá, fijate: ¿te afanaron la boleta? Denuncialo. ¿Te tomaron la mesa porque estaba el aparato ahí a las 8? Denuncialo.

-¿Esta vez va a ser candidato?

-No, soy candidato a ciudadano. Y lo que busco es que cada habitante sea lo mismo, que en lugar de pensar en el marketing electoral de elegir lo menos peor, o ver en el nomenclador qué candidato va a elegir, entienda que no puede votar con b larga el voto con v corta cada dos años y huir, tiene que involucrarse, participar. Un modelo de cogestión con tu representante. Esa es la nueva cultura política. No dividamos entre la sociedad civil y los políticos, sino entre los buenos y los malos. Entre nuestros políticos hay gente con buena voluntad, pero a la que al día siguiente de la elección la dejamos solita del otro lado de la trituradora. En la Argentina no avanzamos por culpa de todos los buenos que no hacen nada, que son muy malos. Hay que llamar a todos los buenos que no hacen nada y decirles: "No vayas a creer que sos bueno porque no hacés nada. Para la república sos malo".

-Su participación en varias marchas contra la inseguridad lo fueron ubicando, sobre todo para quienes lo critican, como un exponente de derecha...

-Esa es una manipulación. La percepción de la realidad es la realidad. Lo que manda es la percepción, y los sistemas totalitarios cancelan la realidad por la construcción de la percepción. ¿Y cuál es en mi caso? Que ser republicano es ser de derecha y facho. Se confunde anarquía con orden, orden con represión, izquierda con derecha. Los derechos humanos, ¿son de derecha o de izquierda? No, son del orden constitucional. Si vos planteás orden parece que querés reprimir. Si planteás institucionalidad o pedís que se respete la propiedad privada, sos de derecha. Que eso corra por cuenta de los que me lo quieren asignar.

-¿Por qué pedir por la seguridad parece un reclamo de la derecha?

-Es una manipulación. Se hizo la marcha del 18 [de marzo] por el tema de inseguridad, que era una sensación. Ahora se anuncian más efectivos, celulares, patrulleros, gendarmes. No es más una sensación. Correr el tema de la seguridad hacia la derecha es una estrategia. Ahora, ¿de qué izquierda y de qué progresismo hablamos si los siete años de vacas gordas se los tragaron? No sólo por lo impúdico de las carteras de 40.000 euros, de los hoteles en El Calafate, de tener casinos y empresas a nombre de testaferros, de apropiarse de industrias y de licitaciones, cancelando toda auditoría, sacando a fiscales como Garrido, teniendo los jueces apretados. ¿Qué izquierda es ésa?

-¿Le parece que, como dicen algunos ministros de la Corte, la sensación de inseguridad la causan los medios?

-Lo que me parece improcedente es desconocer la tragedia y el dolor. Cuando uno habla de inseguridad habla de personas asesinadas. La opinión de un ministro de la Corte es importante, pero lo que nos debe preocupar es cómo funciona la Corte como institución. Somos muchos los que luchamos contra la pobreza, pero ¿qué tal si la Corte también toma los recaudos de auditar los fideicomisos multimillonarios para la obra pública que no audita nadie y acelera un poco más las causas no sólo de los represores, recordando que lo que necesitamos para pacificar no es revancha? Todos los hechos ilícitos, Skanska, la valija de Antonini, los enriquecimientos ilícitos, ¿no tienen que ver con la pobreza? La plata que necesitan los humildes para comprar el pan se la están robando. Tengamos una línea más coherente para no salir cada tanto espasmódicamente a gritar lo que después no podemos cumplir porque no tenemos sistema.

-¿Cómo fue su proceso de conversión religiosa?

-Soy egresado de Farmacia y Bioquímica y trabajé en la industria farmacéutica, en control de calidad y desarrollo de fármacos. Pero éste es un llamado y tiene que ver con mi vocación educativa. Si usted me pregunta de qué trabajo, respondo que de educador. Todo lo que estuvimos hablando es, en el fondo, de cultura y de educación. Lidero una red de organizaciones sociales y educativas que desde la comunidad judía se proyectan a la sociedad argentina, y ahora estoy con Argentina Ciudadana, una organización de red de redes que plantea esta construcción cívica. Mi llamado siempre tiene que ver con estar y servir a la gente. Y mi profesión me da una síntesis entre lo científico y lo humanístico. Parece medio renacentista, pero cambié de alquimia. Es otra química: la química del espíritu.

Mano a mano

¿Me iré al infierno si confieso que esta entrevista me agotó? No sólo porque fue una de las más interesantes de las que hice hasta hoy, lo cual hizo que extremara la atención a sus palabras, sino también porque fue extenuante esperar a que mi entrevistado tuviera que respirar para poder intercalar una pregunta en la hora y veinte de charla. Ante cada pregunta correspondieron unos 20 minutos de un Bergman auténtico, sin pausas. Apasionado, lleno de ideas y de slogans, ecuménico en su concepción política, con su eterna kipá multicolor y un moderno iPhone. Su discurso suena convincente en el plano de su batalla cívica para cambiar la política, aunque tan duras críticas contra los Kirchner pueden entusiasmar a los que piensen con él, pero también espantar a quienes deberían, a tono con su vocación, tener una oportunidad de conversión. Lo que dice sintoniza con lo que una parte de la sociedad espera que le digan. Hay allí propuestas que superan los corsés ideológicos y una filosa capacidad de hacer un diagnóstico de la sociedad argentina. Me da lástima que más de la mitad de la entrevista no haya entrado aquí por cuestiones de espacio. Quizá por confesarlo me gane el cielo.  

 Editorial..

20090406 LN Gobernar no es sólo anunciar 

            A menudo, los anuncios del gobierno kirchnerista contrastan con la frustrante inexistencia de los hechos ……..

 El escenario

20090408 LN Una herencia agobiante   Joaquín Morales Solá

 

Si no hubiera un contrato matrimonial en el medio, ya sería hora de que Cristina Kirchner comenzara a hablar de la pesada herencia recibida. Casi todos los presidentes argentinos han vivido de réditos en el poder durante mucho tiempo denunciando la deficitaria sucesión que les tocó. La Presidenta no puede hacer eso porque al legador de su problemas lo tiene compartiendo el dormitorio y la cocina.

La decisión de embargar todos los fondos de la Argentina en Francia por el viejo default con los holdouts es un hecho importante, pero no el único. Hay una larga saga de viejos explosivos nunca desactivados por Néstor Kirchner, que ahora están explotando en los zapatos de su esposa.

Millones de argentinos, por ejemplo, se han desmayado de estupor en los últimos días, y muchos más seguirán sorprendiéndose en las próximas semanas, por tarifas de gas con aumentos que, en algunos casos, quintuplican los valores anteriores. Los aumentos de la electricidad ya han triplicado los precios que se pagaban.

En la última reunión del G-20, en Londres, se decidió un importante aporte de capital al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero se subrayó que el organismo debía seguir profundizando su línea de créditos flexibles. La Argentina, que estaba en Londres, quedó fuera de esos créditos. Estos necesitan que el país cumpla con las revisiones anuales del capítulo IV del Fondo. Ninguna revisión, por más amable que sea, dejará pasar sin objetarla la manipulación de las estadísticas oficiales en manos de Guillermo Moreno.

Nada es tan agobiante en la herencia de Cristina Kirchner como la propia persona de Moreno, un hombre que confunde su arcaica noción de lo "nacional y popular" con apetencias colectivas mucho más modernas.

Néstor Kirchner solía decir, cuando era presidente, que la Argentina debería hacerse cargo, en algún momento, de la deuda con los bonistas que no entraron en el canje de 2005, los famosos holdouts. "20.000 millones de dólares son un elefante demasiado grande como para pasar inadvertido", repetía.

Sin embargo, jamás dio un paso adelante, seguramente convencido de que cualquier arreglo significaría la entrega de algunos recursos del Estado, que el ex presidente usaba y usa para disciplinar la política interna. Su esposa intentó algo al principio de su gestión para arreglar esa deuda, pero el conflicto con el sector agropecuario y la crisis financiera internacional impidieron luego cualquier progreso. Los buenos tiempos habían pasado.

Griesa tuvo con la deuda argentina una larga paciencia. No obstante, esa paciencia se colmó, dicen, cuando el gobierno argentino aceptó pagarle a Hugo Chávez tasas de interés del 14 por ciento anual y cuando, al mismo tiempo, anunció que pagaría totalmente la deuda con el Club de París.

"Si tiene dinero para hacer todo eso, ¿por qué no paga sus viejas deudas?", escucharon preguntar al anciano juez de Nueva York. La impaciencia del magistrado aumentó aún más cuando el Gobierno decidió la estatización de los fondos de pensión en manos de las AFJP.

Lo cierto es que el Gobierno tomó el dinero de Chávez y los ahorros de las AFJP, pero no saldó la deuda con el Club de París. Este default y el de los holdouts quedaron abandonados en medio de la crisis económica interna, profundizada luego por la crisis internacional. Néstor Kirchner quería pagarle todo en efectivo al Club de París y no aceptaba ninguna refinanciación porque se negaba a un acuerdo que sólo lo obligaba a pasar por las revisiones rutinarias del Fondo Monetario. El default no resuelto desde hace casi ocho años totaliza unos 28.000 millones de dólares nominales entre holdouts y el Club de París.

Franjas enormes de argentinos comenzarán a pagar ahora una fiesta de gas y electricidad; participaron de esa fiesta, aunque nadie les preguntó si querían entrar en ella. Durante seis años las tarifas se mantuvieron congeladas para honrar encuestas de opinión pública o proyectos electorales. La sociedad argentina pagó durante ese tiempo apenas un tercio, cuando no un cuarto, del precio de gas y electricidad que pagaban sus propios vecinos del sur de América. Las reservas de gas cayeron vertiginosamente y la inversión se fugó de la generación de electricidad.

Néstor Kirchner se fue sin cambiar esa política, pero ahora le tocó a su esposa la misión de notificar que todos los aumentos relegados han llegado juntos y en el peor momento. La crisis de escasez está dentro de casa y, además, las facturas más sangrientas de gas y luz vendrán en junio, contemporáneamente con las elecciones de mitad de mandato. El consumo de gas es mucho mayor en invierno por la calefacción, y el de electricidad también porque en invierno hay menos horas de luz solar.

"Los argentinos pasaremos un invierno ucraniano, porque el gas será un producto muy caro", dijo un especialista. El Estado exhausto que dejó Néstor Kirchner no puede hacerse cargo de la tarifa social ni de la garrafa popular ni tampoco de las deudas por los viejos subsidios al consumo de gas y electricidad. El resto de la sociedad, la que no está bajo la línea de la pobreza, deberá solventar esos compromisos impagos.

El ex presidente no puede pagar tales deudas políticas porque es el marido presidencial. Pero alguien debería pagar por tanta distracción y derroche.

Hay funcionarios que han errado sólo por la necesidad de no llevar nunca malas noticias a los que gobiernan; están incluidos todos los funcionarios de los ministerios de Planificación y de Economía, entre otros. Errar por sumisión y por disciplina no los hace mejores. Una renuncia masiva de funcionarios podría reparar, sólo en parte, el padecimiento social y el bochorno internacional del país

 Editorial I

20090409 LN La trasgresión tiene sus límites

El embargo de cuentas bancarias de la embajada argentina en París por bonistas constituye un severo llamado de atención

El embargo de las cuentas bancarias de la embajada argentina en París ha sido una clara señal hacia nuestro gobierno de que la ruptura y el desconocimiento de las reglas tienen un límite.

La medida derivó de una sentencia judicial que acogió favorablemente el reclamo de tenedores de bonos argentinos que no aceptaron la oferta de canje en 2005. En la esencia jurídica del tema no interesa si se trata del reclamo de un fondo "buitre" o de pequeños ahorristas. Se trata de quienes tienen bonos emitidos por el gobierno nacional, cuyos pagos están incumplidos y que no aceptaron en 2005 canjearlos con una pérdida que por su magnitud no guardaba antecedentes en las reestructuraciones de deuda soberana. Desde aquel momento esos bonistas fueron desconocidos por el emisor, al punto que dejaron de estar incorporados a las estadísticas oficiales de la deuda pública argentina.

Las autoridades argentinas han reclamado amparándose en la Convención de Viena, que establece la inembargabilidad de los bienes de las representaciones diplomáticas. Sin duda este fundamento es válido y el embargo probablemente será dejado sin efecto. Pero ya anteriormente, en noviembre de 2008 y luego de que se estatizaran los fondos administrados por las AFJP, el juez neoyorquino Thomas Griesa había dictado un embargo, que sigue vigente, sobre fondos que las administradoras tenían en los Estados Unidos.

Cualquiera sea el resultado de estos intentos de embargo, estos hechos deben tomarse como un severo llamado de atención sobre los extremos a los que se ha llegado por el incumplimiento por parte del Estado argentino de obligaciones nacionales e internacionales. No sólo hay deudas sobre las cuales no se pagan intereses ni capital desde hace más de ocho años, sino también sentencias desfavorables relacionadas con concesiones de servicios públicos que estaban amparadas por convenios internacionales de protección de inversiones. Los bonistas y acreedores del exterior han recibido mejor acogida en tribunales internacionales que la que los residentes argentinos damnificados por el mismo motivo han tenido en la justicia local. Esta ha estado acotada por una legislación ad hoc dictada oportunamente por un Congreso dispuesto a darle un marco jurídico de dudosa constitucionalidad a los excesos gubernamentales que acompañaron el default y la salida de la convertibilidad. Debe reconocerse que ciertas decisiones del poder político desde mayo de 2003, sumado a un Consejo de la Magistratura que amenaza a jueces independientes, condicionaron el espacio de acción de una Justicia temerosa. La tajante condena presidencial a los bonistas que no adhirieron al canje y su posterior desconocimiento los convirtió, al menos hasta hace un año, casi en innombrables.

Nuestro país no merece la humillación del embargo de cualquier bien público que asome sus narices en el exterior. No sólo por orgullo nacional, sino también por necesidad. La situación fiscal de la Nación y de las provincias se agrava día tras día y está en riesgo la capacidad de cumplir con los pagos externos.

No habrá forma de incrementar significativamente los recursos en el entorno recesivo en que ha entrado nuestra economía. El camino es el del trabajo serio en la reducción estructural del gasto público, enfrentando las necesidades de pagos de la deuda mediante el acceso al crédito externo. Esto exige recomponer las relaciones con el mundo, cumpliendo las reglas esenciales de la convivencia internacional y de la seguridad jurídica. La reciente reunión del G-20 ha establecido ciertas pautas de mayor control y canalización de fondos para evitar en el futuro la repetición de las condiciones que desembocaron en la actual crisis internacional. Entre ellas, se ha asignado un rol destacado al Fondo Monetario Internacional, que debería ser el paso más lógico para que nuestro país acceda a una parte sustancial del crédito que necesita. Lo que ha quedado claro es que no habrá cambios en la esencia jurídica y moral de las reglas que los países deberán respetar para no quedar fuera de las corrientes de ayuda, del crédito y de las inversiones. Es de esperar que el gobierno de Cristina Kirchner sepa hacer la lectura correcta

 20090409 LN Las claves del progreso económico    Alieto Aldo Guadagni

Haber aumentado el PBI a un ritmo no menor al 7% anual por más de 25 años consecutivos es un razonable indicador de un sustancial progreso económico de una nación. El caso es que son apenas trece los países que cumplen este requisito desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. De estos trece nada menos que nueve están en el Asia-Pacífico y apenas uno en América latina (Brasil). Encabeza el grupo asiático exitoso China, que fue capaz de multiplicar trece veces su PBI por habitante entre los años 1950 y 2005. El gigante asiático es seguido en este sendero de sostenido progreso por Corea, Singapur, Taiwan, Japón, Hong Kong, Tailandia, Malasia e Indonesia.

Si entre unas ciento ochenta naciones en todo el mundo apenas trece se destacan por su excelente comportamiento, vale la pena preguntarse cuáles son las razones que explican este resultado. El interrogante clave es cuáles son los factores que explican el crecimiento económico de un país. Pero no un crecimiento esporádico o transitorio, sino uno prolongado y estable, es decir un verdadero proceso de desarrollo económico acompañado por una considerable reducción de la pobreza.

Existe un consenso generalizado respecto de la identificación de numerosos factores explicativos del progreso económico. Pero si queremos presentar una lista abreviada debemos mencionar, por lo menos, ocho cuestiones importantes.

1- Solidez macroeconómica, es decir, financiamiento genuino del gasto público y ausencia de inflación y, sobre todo, de hiperinflación. La política tributaria al mismo tiempo tiende a mejorar la distribución del ingreso, y no a hacerla más regresiva al subsidiar, por ejemplo, a través del gasto fiscal, a los ricos y no gravar sus rentas.

2- Alto nivel de ahorro, pero volcado a la inversión productiva interna en el propio país, es decir, ausencia de una fuga sistemática de capitales.

3- Buena regulación estatal que permita funcionar a mercados eficientes, sobre todo en sectores intensivos en capital, como la infraestructura energética, que demanda una fuerte inversión a largo plazo. Las regulaciones tienen que evitar la consolidación de monopolios y ser claras y estables, fuera del alcance de la manipulación de funcionarios corruptos. Los órganos regulatorios son conducidos por personas profesionalmente competentes y preservadas de la presión política.

4- Gobiernos estables, capaces, creíbles y con una visión estratégica de largo plazo; si el régimen político imperante es una democracia pluripartidaria (cosa que, paradójicamente, no es China) esto exige la vigencia de políticas compartidas de Estado en las cuestiones fundamentales. 5- Existencia de una burocracia pública profesionalmente competente y estable, es decir, no sujeta a los vaivenes electorales. 6- Apoyo al desarrollo científico y tecnológico vinculado a la producción, sobre todo por medio del sistema educacional.

7- Educación generalizada e inclusiva de todos los grupos sociales, pero exigente y de alta calidad, con un calendario escolar a nivel primario y secundario que supera los 190 días de clase por año. Los niños pobres no son postergados por la vigencia de escuelas deficientes, mal equipadas y con un corto período lectivo. La universidad está abierta a todas las clases sociales y no discrimina en función del nivel económico de los alumnos. Pero el ingreso en la universidad compromete el máximo esfuerzo intelectual por parte de los aspirantes, es decir, no es irrestricto. La universidad contribuye al crecimiento económico, al formar profesionales aptos para aplicar las nuevas tecnologías; la matrícula universitaria no está anclada en las tradicionales carreras del pasado, sino en las nuevas, necesarias para poner en valor todos los recursos naturales del país y expandir su capital humano altamente calificado.

8- El último requisito se refiere a saber aprovechar las oportunidades del mundo globalizado, lo cual exige tener una fuerte vocación "ofensiva", es decir exportadora, más que vocación "defensiva", es decir de cierre del comercio exterior. Todos los países exitosos han tenido un dinámico comportamiento exportador. La actual crisis mundial pone de relieve particularmente la importancia de esta cuestión, referida a la inserción internacional de las naciones. Por eso es oportuno referirnos ahora a nuestro país y a la mejor manera de enfrentar esta crisis de alcance mundial.

Si uno observa el comportamiento de nuestras exportaciones en los últimos años observará un fuerte incremento, pero no gracias a mayores volúmenes, sino simplemente al aumento de los precios de las commodities . Países como Perú, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay, Colombia y Paraguay vienen aumentando sus exportaciones más que nosotros.

Como los altos precios de nuestras exportaciones son ya cosa del pasado, ahora el camino por recorrer será más arduo, ya que habrá que incrementar la producción exportable. Para esto es necesario comenzar a desmontar ya mismo el mecanismo de las retenciones, que sirve para recaudar mucho, pero, al mismo tiempo, es la mejor receta para la parálisis de las inversiones productivas. Nuestros gravámenes al comercio exterior superan siete veces a los de Brasil y ocho veces a los de Chile. Es hora de reducirlos.

Tengamos en cuenta que nuestras exportaciones se orientan a mercados mundiales que serán poco propicios en los próximos meses, ya sea porque están en recesión, como Europa, Estados Unidos o Japón, o porque han devaluado fuertemente sus monedas, como Brasil, Chile y México. Casi el 80% de nuestras exportaciones serán afectadas negativamente por estos hechos, lo cual nos debe inducir a revalorizar el rol de la producción orientada hacia las exportaciones y su impacto en mantener los niveles de empleo y actividad, particularmente en el interior del país.

El ciclo económico apunta a la recesión, por eso es crucial implementar sin demoras una política anticíclica, al estimular la demanda global para que tenga mayor impacto expansivo. El aumento en el gasto público no es el mejor mecanismo; si se quieren acelerar las obras públicas para mantener la actividad se tropezará con los vericuetos de la burocracia, y mientras más urgencia haya en avanzar en los proyectos, mayores serán los desvíos por sobrecostos. Es más efectivo eliminar ya todos los impuestos a las exportaciones de manufacturas industriales; no tiene ningún sentido ahora gravar, por ejemplo, las exportaciones de calzado, indumentaria, vehículos, plásticos, motores, aluminio y siderurgia. También hay que eliminar ya los impuestos que castigan a las economías regionales, como los vinos, frutas, hortalizas, té, yerba y porotos. En cuanto a los impuestos a los productos agropecuarios, habría que reducirlos y permitir aplicar una fracción al pago de impuestos nacionales.

Es urgente estimular al sector privado para que aumente su producción; es la mejor vía para evitar la recesión y el desempleo; además, si la mayor producción fortalece las exportaciones, su contribución a disipar los pronósticos apocalípticos será invalorable. Siendo todo esto positivo, no alcanzará para encaminarnos a la senda del desarrollo económico sostenido; para ello habrá que prestar más atención a todo lo demás que hicieron las naciones exitosas.

El autor es economista. Fue representante de la Argentina ante el Banco Mundial (2002-06

 2009014 LN Falsos candidatos   Adrián Ventura

El kirchnerismo oficializó la mentira. Listas sábana, listas colectoras, listas colectoras inversas y, ahora, listas simuladas: son el último desarrollo de ingeniería electoral del kirchnerismo.

Gobernadores e intendentes se postulan para cargos legislativos, aunque anuncian de viva voz que nunca asumirán sus bancas. El único objetivo es comprometerse con el modelo K y traccionar votos. Así, Néstor Kirchner diseñó un seguro contra la traición, sin importarle que esté empujando al sistema institucional al precipicio.

Los argentinos con frecuencia nos quejamos de las boletas con listas sábana, porque bajo esa larga grilla de nombres ignotos sólo emergen a la luz los primeros dos o tres candidatos. Ahora, las cosas serán peores: los dos o tres primeros candidatos de la lista kirchnerista, es decir, funcionarios que se dirán candidatos y actuarán como tales, no asumirán. Los cargos serán ocupados por quienes vengan debajo, en el orden la lista.

La opacidad fue reemplazada por la total oscuridad. ¿Quiénes son los candidatos suplentes, es decir, aquellos que realmente ocuparán los escaños en juego? ¿Cuánto le costará al oficialismo conservar su fidelidad? En el ocaso de una gestión, el precio de la fidelidad se cotizará en alza.

El kirchnerismo las llamó "listas testimoniales". Esa es la primera falsedad, porque "testimonio" es lo que da fe, lo auténtico –por ejemplo, la copia de la escritura de un departamento, que se llama "primer testimonio"–, y nada menos auténtico que listas de candidatos que, según confiesan, no asumirán. Son listas simuladas o falsas.

Pero el engaño que oficializó Kirchner es impune: una mentira que, por haber sido fraguada por políticos poderosos que están fuera del alcance de la ley, no tendrá consecuencias legales, pero una mentira al fin, con suficiente gravedad como para manchar los comicios y la democracia.

Las listas simuladas o falsas van contra todo sentido democrático y republicano. Ese mecanismo desprecia la división de poderes y postula a integrantes de poderes ejecutivos para cargos legislativos; vacía de contenido a los partidos, porque los candidatos no surgen de internas ni son los mejores, sino que son los caciques con capacidad para arrastrar votos, y, además, hace que se dilapide el presupuesto de las campañas, que estará destinado a ensalzar a figuras que nunca asumirán, pero que ocultan a los verdaderos candidatos, en las sombras.

Mientras que la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de Derechos Civiles y Políticos exigen que los comicios sean auténticos y la Argentina les dio jerarquía constitucional a ambos, nuestros comicios serán oficialmente falsos. Estamos frente a una maquiavélica paradoja, construida o tolerada por una clase política que se volvió mendaz y desprejuiciada.

Según el Código Penal, si usted vende o entrega algo de calidad distinta de la prometida –por ejemplo, en lugar de vino, entrega agua coloreada – incurre en el delito de defraudación y puede ir a prisión. En cambio, el ardid de Kirchner, capaz de llevar a millones de personas a votar por candidatos falsos, nos dicen que no es ilegal. En la Argentina, las cosas funcionan al revés de lo imaginable.

Es claro que nadie pretende que se aplique el Código Penal a los políticos por las mentiras que dicen en las campañas, pues pocos quedarían libres.

Tampoco se puede reclamar que los jueces, en un acto heroico, se inmolen en una lucha despareja con todos los integrantes del grupo político más fuerte del país. Pero es evidente que algo falla y parece que es cierto modo de hacer política. Si la boleta simulada obtiene una victoria importante, la foto de familia garantizará sonrisas y más reparto. Pero si obtiene un margen estrecho, un resultado deslucido, ¿no pierden todos, además de Kirchner?

Frente a una coyuntura económica que exija tomar medidas de emergencia, ¿quién tendrá poder político para adoptar esas medidas, quién podrá asegurar la gobernabilidad? Por otra parte, cuando el kirchnerismo busque nombres para 2011, ¿no los habrá incinerado de antemano? Los kirchneristas replican que todos los partidos postulan candidatos ejecutivos para cargos legislativos, como es el caso de Gabriela Michetti. Pero la situación no es idéntica porque ninguno de ellos confesó, de antemano, que no asumirá su cargo.

La situación actual tampoco es idéntica a la que vivió la Argentina cuando, en 1973, el pueblo votó a Héctor J. Cámpora, previendo que él no sería el verdadero factor de poder. En efecto, el peronismo venía de una situación de proscripción y, además, el que reemplazó a Cámpora, nueva elección mediante, fue Juan Domingo Perón, una personalidad mucho más importante que el hasta entonces diputado. La Argentina no vive en un sistema democrático ni republicano, sino en sus márgenes exteriores. Recordaba Borges que los compadritos o pendencieros se batían a cuchillazos con la policía, encarnación de la ley. El compadrito político, más moderado, no mata, pero engaña a la ley sin vergüenza alguna.

 Editorial I

20090414 LN El reino de lo grotesco

Incumplir mandatos ciudadanos y alentar falsas candidaturas dista de ser saludable para el sistema democrático

La grotesca propuesta del titular del Partido Justicialista, Néstor Kirchner, para que gobernadores provinciales e intendentes se postulen, respectivamente, a bancas de diputado nacional y de concejal, que finalmente no asumirán, constituye una burla al electorado que debería ser condenada por la ciudadanía.

Invitar a los electores a votar por alguien que no asumirá el cargo para el cual se postula es, sencillamente, una falta de respeto al votante y una muestra más del habitual menosprecio de la clase política por nuestras instituciones.

Resulta francamente absurdo que, con el fin de "plebiscitar" la gestión del gobierno nacional o la de los gobiernos provinciales, los mandatarios de los distritos tengan que encabezar una lista para cargos legislativos que ni siquiera están dispuestos a asumir. Más ridículo aún suena que esos gobernadores e intendentes tengan que distraerse durante casi tres meses en una campaña proselitista para un puesto que tienen resuelto no ocupar.

No menos insólito resulta escuchar a un intendente de un partido bonaerense anunciar que será candidato a concejal de su distrito con el fin de defender el proyecto del gobierno nacional. Hasta ahora, podía y debía suponerse que las cuestiones que se debaten en una elección de ediles eran típicamente locales. En adelante, alguien pretende hacerle creer equivocadamente al electorado que en cualquier simple elección de concejales estará en juego la política de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Es ése un reflejo del grado en que se ha desvirtuado la concepción del federalismo y del pobre nivel de cultura cívica de nuestra dirigencia política.

La propuesta kirchnerista es un indicador de lo poco que le importa al oficialismo el principio de división de poderes y, también, un síntoma de la escasa importancia que se le asigna a una reforma política que quien hoy ocupa el Poder Ejecutivo Nacional alguna vez se preocupó por propiciar.

Nuestra historia política reciente está tristemente llena de ejemplos sobre esta clase de manoseos institucionales. Desde un profesional de las dietas que asumió una banca de diputado por un día para obtener el derecho a una jugosa jubilación de privilegio hasta legisladores que asumieron sus bancas apoyando el programa de un partido político para mudarse de agrupación, una vez instalados en el Congreso. Y desde diputados y senadores nacionales que, habiendo sido elegidos por una provincia determinada, incumplieron sus mandatos para postularse a otro o al mismo cargo electivo por otro distrito electoral, hasta ministros que dejaron su puesto para presentarse en comicios legislativos y que, tras ser elegidos para la función parlamentaria, volvieron a su cargo ejecutivo original.

Lamentablemente, estas vergonzosas maniobras no son patrimonio exclusivo del oficialismo. Que un diputado nacional elegido hasta 2011, como Felipe Solá, renuncie a ese mandato popular para presentarse nuevamente como candidato al mismo cargo que hoy ocupa es, a todas luces, insólito. Del mismo modo, pretender que la vicejefa de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, deje ese cargo para postularse a una banca de diputada nacional, además de inoportuno e innecesario, implica violentar un mandato popular que le ha conferido la ciudadanía. Si, como han esgrimido dirigentes del macrismo, el puesto de vicejefe de gobierno porteño carece de mayor relevancia, pese a que su ocupante es nada más ni nada menos que quien reemplazará a la máxima autoridad en caso de muerte o renuncia, el oficialismo de la ciudad debería ser el primero en propiciar la reforma de la Constitución local para eliminar el cargo.

La clase política argentina debería reflexionar seriamente sobre estas situaciones, que no están haciendo más que desacreditar todavía más a una actividad que debería estar al servicio del bien común y no de pequeños intereses personales o de facciones.

La tan mentada calidad institucional será cada vez menos alcanzable a este paso. Incumplir los mandatos ciudadanos, al igual que dar rienda suelta a las mal llamadas "candidaturas testimoniales", además de sembrar confusión y distorsionar la voluntad del electorado, dista de ser saludable para un sistema democrático que, curiosamente, encuentra cada vez más obstáculos en quienes deberían ser sus principales defensores.

20090416 LN Desalentador clima de negocios

 A pesar de la indiferencia oficial, varios informes insisten en señalar que la corrupción inhibe las inversiones en el país …..